De una cosa no caben dudas: las palabras tienen poder. Tanto que pueden servir para construir como para derrumbar el propio respeto.
TODO NIÑO SE VALORA A SÍ MISMO TAL COMO HAYA SIDO VALORADO.
Es mucho lo que los maestros aportan a la visión de sí mismo por parte del niño, debido al contacto y al considerable poder que los maestros ejercemos sobre los alumnos.
La señorita N suele llamar “monstruo” a su alumno Ángel, tiene 15 años y aún no ha sido alfabetizado, sabe que tiene una noviecita.
Pero lo hace con tono cariñoso. Es como si le dijera “sos un lindo chico” “sos un ganador”. Ángel se define a si mismo como un monstruo, pero lleva ese rótulo con orgullo. Recordemos que el lenguaje corporal habla siempre un tono más alto que las palabras.
El juicio de si mismo por parte del niño surge del juicio de los demás. Más gusta de sí mismo, mayor es su autoestima.
Tal vez Ángel no se sienta conforme consigo mismo en todo momento, pero si se siente digno de que lo quieran y valioso, estará contento de ser quien es.
Bibliografía: “El niño feliz” su clave Psicológica. Dorothy Corkille Briggs.